La publicidad engañosa no se escapa ni siquiera de las grandes ciudades. Tampoco de las grandes marcas. Crear una imagen ante el consumidor no es sencillo y sobre todo si tenemos en cuenta que este es más analítico a la hora de comprar, no sólo por la competencia que enfrentan las distintas compañías, sino porque la recesión mundial le obliga a ser más cauto a la hora de gastar su dinero.
Podría decirse que la publicidad engañosa es algo así como una trampita para cazar ratones- atraen con un apetitoso queso, que en este caso serian los mensajes atractivos, tentación para nosotros viciosos de esta sociedad de consumo, que al comerlo notamos demasiado tarde que se fue producto de una acción premeditada - y al gastar nuestro dinero, la mayor parte de las veces no se encuentra quien responda.
A pesar de que en nuestro país está bien reglamentado y va mejorando el control de este tipo de situaciones, aun falta un poco más de lealtad con el consumidor. Cuando el consumidor adquiere un producto, espera recibir lo que en un principio vio y motivo la decisión de compra. Esperan un bien o servicio que funcione y que cumpla con lo prometido. Es un contrato tácito de responsabilidad, especialmente cuando se cree en grandes marcas.
- Con la Colaboración de Natalia Roncallo, publicista.
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